Los tres personajes
se sienten estresados preparando la sorpresa que le van a dar al pequeño
Óscar. El abuelo, queriendo romper con esta situación, invitará
a los padres a adentrarse en el imaginario a través de un tren, descubriendo
el placer de jugar y llegando a la conclusión que lo más importante
que le pueden regalar a Óscar, independientemente de si se tienen
los mejores juguetes. El tiempo y la disponibilidad para el juego se convertirá
en el mejor premio que le puedan proporcionar.
En el viaje que emprenden los tres personajes llegarán al bosque
de los juguetes perdidos, un espacio mágico donde los juguetes tienen
la oportunidad de vivir una vida diferente a la real. Toman una presencia
mayor, se hacen más grandes y aumentan las relaciones con los familiares,
alentando la idea teatral de que los juguetes toman vida, se hacen importantes
para los que están alrededor.